Manténgame al Tanto

Sal Álvarez, defensor del trabajador campesino: Una vida basada en la fe y en el servicio

Sal Álvarez, defensor del trabajador campesino: Una vida basada en la fe y en el servicio

Rev. Deacon Sal Alvarez leading a procession into mass during the UFW’s 50th anniversary convention in 2012 in Bakersfield, Calif.

El reverendo diácono Sal Álvarez encabezó una procesión a misa durante la convención en el 2012 del quincuagésimo aniversario de La Unión de Campesinos (UFW por sus siglas) en Bakersfield, Calif. El movimiento campesino lamenta el fallecimiento del reverendo diácono Sal Álvarez el 7 de junio de 2015, quien jugó un papel importante con Cesar Chávez y Dolores Huerta en el movimiento campesino y en nombre de muchas otras causas dignas por más de siete décadas.  Sal fue motivado por una fe intensa en un movimiento fundamentado en las enseñanzas de justicia social de la iglesia católica y la dedicación a la Virgen de Guadalupe.



Después de obtener una maestría en trabajo social de la Universidad de Berkeley y de trabajar con la Conferencia Católica de los Estados Unidos, Sal conoció a Cesar Chávez a finales de los 1960, mientras trabajaba con el Comité de los Obispos del Trabajo Campesino.  Sal, se convirtió en un investigador para la UFW en el 1976, y pronto fue asignado como asistente legislativo de Dolores Huerta, con quien Sal forjó una estrecha relación de trabajo durante décadas.



Sal pasó años en el capitolio estatal en Sacramento, luchando contra los intentos de la industria para desmantelar la histórica Ley de Relaciones del Trabajo Agrícola.  También trabajó en la abolición de la azada de mango corto, ganando indemnizaciones para los trabajadores campesinos y presionando a UC a proporcionar un alivio a los trabajadores campesinos desplazados por investigaciones mecanizadas. 



Después de cuatro años de estudios litúrgicos, Sal, también se convirtió en un diácono en la iglesia católica. La fe jugó un papel central en su vida y forjó su punto de vista acerca de la UFW, lo cual él no vio sólo como una organización económica, sino también como un movimiento espiritual que abraza la fe en la Virgen de Guadalupe y la doctrina social de la iglesia que llama a la gente a vivir vidas al servicio de los pobres.

César y Dolores asignaban a Sal misiones de cabildeo difíciles.  Él empezaba cada día orando pare ser guiado por Dios. Su fe lo conectaba con los legisladores, con los cuales se reunió en un nivel espiritual. La UFW envió a Sal a Washington, DC, en la década de 1980, para presionar por una reforma migratoria.



Cada mañana Sal comenzaba su día con una misa en la Catedral de San Mateo, a la cual el presidente Kennedy había asistido. Allí conoció y habló con los legisladores, luchando para ofrecer alivio a los trabajadores campesinos a través de una reforma migratoria. Uno de ellos fue el senador republicano Alan Simpson de Wyoming, que inicialmente se opuso a esa medida. Simpson invitó a Sal a su oficina. La relación espiritual que Sal entabló ayudó a cambiar la opinión del senador.

Sal ayudó a asegurar que los trabajadores campesinos fueran cubiertos bajo las disposiciones de la amnistía en la Reforma de la Inmigración y la Ley de Control  de 1986. Ayudó a 1.4 millones de trabajadores campesinos y a sus familias a obtener el estatus legal permanente y es un modelo en la lucha de hoy por una reforma migratoria.



Sal después cofundó y trabajó durante tres años con P.A.D.R.E.S., una organización de sacerdotes chicanos que presionaban para la ordenación de obispos latinos. Él trabajó con el Departamento de Bienestar del Condado de Santa Clara, organizando a trabajadores sociales latinos para cambiar un sistema que colocaba a un número desproporcionado de niños latinos en cuidado temporal. Regresó a la organización comunitaria con la Comisión de Relaciones Humanas del condado y fundó y dirigió el Instituto de No a la Violencia en San José, enseñando a jóvenes acerca de la resolución de conflictos. Pero su compromiso con la UFW fue siempre constante.



También trabajó durante años para ganar reconocimiento histórico para McDonnell Hall en Nuestra Señora de Guadalupe en el este de San José.  Fue allí donde César Chávez estuvo bajo la tutela del padre Donald McDonnell, el párroco que lo expuso a las enseñanzas sociales católicas e inspiró a su carrera de organizador.



Sal Álvarez falleció en el pequeño rancho de la familia en el este de San José el 7 de junio de 2015, después de luchar contra una larga enfermedad. Le sobreviven su esposa, Sylvia; sus cuatro hijos, Sabrina Gaughran, Sonia Alvarez-Oppus, Salvador Cesar Álvarez y Serena Álvarez; y nueve nietos. 



Los servicios fúnebres para Sal Álvarez:



La vigilia se llevará a cabo a las 7 p.m. el martes 6 de junio de 2015 en St. John Vianney Catholic Church, 4600 Hyland Ave., San José 95127.

 

La liturgia eucarística será concelebrada por el Obispo Patrick J. McGrath de la Diócesis de San José y el obispo Richard García de la Diócesis de Monterey a las 11 a.m. el miércoles 17 de junio de 2015, también en St. John Vianney Catholic Church, 4600 Hyland Ave., San José 95127.